No te dio tiempo a
despedirte,
tus ilusiones se
quebraron en segundos,
te reclamaron para
cantar en la eternidad.
Tu sonrisa…tu perpetua
sonrisa…
se la quedaron los
ángeles para danzar.
No sabían que nosotros
éramos tus dueños
que aun eras una joven
muchacha,
con sus senderos
iluminados para caminar,
no sabían de tus hermosos
sueños,
y desconocían que habías
empezado a amar.
Aquí existía tu felicidad,
con tu familia,
tus hermanos ,que
lloraban sin consuelo,
que mientras vivan te van
a recordar,
tu madre ,que se le fue
la alegría contigo,
y tu padre que te quiso
acompañar.
Dejaste a medias esos
preciosos bordados,
que con ilusión me ibas a
regalar,
aun queda la fragancia de
tus dedos,
impregnada en las flores que
no acabaste,
en la seda que
acariciaste sin cesar.
Hermana, no pude darte el
abrazo,
que esa mañana te
pretendía dar,
tu tampoco sabias que te
marchabas,
ahora solo me resta
escribirte mi poema,
por si los querubines te
lo quieren cantar.
Isabel Manzano