Mis manos temblorosas
esperando acariciar,
descubriendo nuestro cuerpo,
hallando la paz.
En una mirada deseosa,
de poder fundirnos,
callados, sin palabras,
donde todo son suspiros.
Nuestro corazón acelerado,
nuestros labios sedientos,
vagan por nuestro rostro,
queriendo apagar estos lamentos.
Aroma dulce a sudor,
en nuestra desnuda piel,
susurros escapados a medias,
que nos hacen enloquecer.
En la unión de nuestro amor,
en las alas de nuestra libertad,
llega la más libre expresión,
del desahogo de paz.