Pretendo dejarla serena y no puedo,
las fuerzas me faltan,
a esa señora, no puedo olvidarla,
ella jamás me dió esperanzas,
pero es que yo...creí amarla.

Tan solo me regaló unas palabras,
que yo enredé con amor,
pero no...yo mismo me engaño,
ella nunca me insinuó nada,
que pudiera comprometerla.

Perdona mi atrevimiento señora,
se que fuí un egoista,
jamás pensé en el daño que te hacía,
implorando algo que no merecía
y que antes debí de meditar.

Que intrépida eres mujer,
que no te dejaste confundir,
ante unos parpados llorosos,
que lo único que deseaban,
eran unas manos para secar ,
las lágrimas, de mis despojos.

Ahora sé, que con las brisas,
no se debe batallar, ni confundir,
pueden convertirse en huracanes,
defendiendo con toda su furia,
unos pilares que merecen resistir.
PERDONAME , SEÑORA