Ruiseñor, no asistas
clamando a mi ventana,
que tus trinos ya no me
emocionan,
no agites embravecido tus
alas aterciopeladas,
que la corriente esparcida
reseca mis pupilas,
y en mis ojos, ya, la
humedad no aflora.
Tantas veces en la lejanía
te aclamaba,
tus tímpanos eran sordos ,
no me escuchaban,
zumbaba el eco atrapado en
mi garganta,
como el viento exaltado de
primavera,
que silba desde el valle de
las montañas.
Te rebusqué más allá del
horizonte,
en la balada de una poesía
olvidada,
en la sinfonía de una
envejecida guitarra,
retornando siempre con las
manos vacías,
por más que buscaba… no te
hallaba.
Pregunté por ti a las
majestuosas alondras,
por si casualmente a su
vera volabas,
hasta ellas sentían envidia
de tu plumaje,
y me ocultaban tus andanzas
, mientras altanero,
navegabas a la deriva
buscando otras playas.
Hoy ,ya dejé de buscarte en
la ignorancia,
todo fue un espejismo que me
devastaba,
colmaste mis sueños ,de un
mañana sin esperanza,
asentándote en el nido de
cualquier rama,
y mi esencia quedó sola y
desamparada.
Isabel Manzano Vargas